El bonachón insaciable que es el Labrador Retriever ha cautivado los corazones de tanta gente que se ha convertido en el perro más popular del mundo.
Inteligente, activo y complaciente, siempre estará dispuesto al trabajo y también claro, a su recompensa.

Originario de la provincia canadiense de Terranova y Labrador de la que salieron las razas de estos mismos nombres, está emparentado también con el perro de San Juan, del que se conocían dos líneas ‘Terranova mayor’ más robusto y de pelo largo y ‘Terranova menor’ con manchas blancas muy características en hocico y patas, y de estatura y morfología muy similar al Labrador actual.
Es a partir de este último cuando se empezó a valorar esta raza desarrollándola por separado por sus características y aptitudes. Siendo especialmente destacable su predisposición al trabajo en agua ayudando a los pescadores con el arrastre de redes y como cobrador (como su nombre indica ‘retriever’) de aves acuáticas. Su cola, frondosa pero sin flecos y más ancha de lo normal, sobre todo en la base, toma el nombre de ‘cola de nutria’.
Y de Canadá a EEUU, para más tarde establecerse en 1903 como raza de manera oficial en Gran Bretaña por el Kennel Club, siempre gracias a diferentes aristócratas deportistas que escogieron a estos perros por su adicción al trabajo, haciéndolos llegar en 1800. Se documenta por primera vez en 1839 con el nombre de Labrador y es desde entonces que diferentes personalidades como los Malmesbury, comienzan a refinarlo, obteniendo a la raza de perro que conocemos actualmente.

El inagotable Labrador Retriever es indiscutiblemente un perro ideal, al que tendremos que cuidar de la manera que corresponde según sus características:

Pelaje – Si tienes la fortuna de convivir con un perro Labrador habrás observado que aunque su pelo es más bien corto, se trata de una capa frondosa, densa y aislante. Esto es debido a su adaptación al medio del que proviene, por eso es capaz de aguantar bajas temperaturas y encima trabajando en el agua de manera incansable. Es por esto que tendrá una muda llamativa y tendremos que cuidarnos de que no esté en lugares con aire acondicionado, ya que esto seguramente le provocará una muda constante que habrá que sanear.
Los colores del pelaje pueden ser desde amarillos claros, a hígado o chocolate, hasta color negro. A veces encontramos Labradores con manchas blancas en el pecho o patas, estos son los llamados medallones, que pueden surgir en ejemplares con más cercanía genética al Perro de San Juan.

Carácter – Este perro es amable, alegre y complaciente por naturaleza y disfrutará del juego, perros, personas y niños siempre que tenga todas sus necesidades comportamentales cubiertas. Es por esto que hay que procurar saciar su juego o comportamientos exploratorios en individuos que, aunque tengan una predisposición a la complacencia, sean demasiado temperamentales para la raza. Aprovecharemos también esa necesidad de afecto para fomentar en él buenos hábitos gracias a una buena dosificación de nuestras caricias.

Glotonería – Es conocido por cualquier amante de esta raza su apetito voraz. Y es que un Labrador prácticamente nunca dirá que no a una recompensa, sobre todo si es apetitosa. Esta característica lo hace un estupendo perro de trabajo y deporte y hará virguerías para conseguir un rico permio sin la necesidad de ejercer ningún tipo de adiestramiento de presión.
Es conocida también esta glotonería por nutricionistas y fabricantes de alimentación para mascotas como Royal Canin que ha ideado croquetas específicas para la morfología de su boca que le induzcan a la masticación, colaborando junto con los componentes nutricionales adecuados, para crear una sensación de saciedad mayor.

Predisposición a enfermedades – Como patologías asociadas a la raza, sin ser características de la misma ya que las encontraremos en individuos de cualquier otra, podemos hablar de varias referentes al sistema osteoarticular y muscular como pueden ser la displasia de cadera o de codo, rotura de ligamentos cruzados, miopatía de la cola o cola húmeda… Es por esto y por su rapidísimo crecimiento por lo que debemos cuidar su salud articular ya desde su dieta de cachorros y realizar durante los primeros años radiografías que nos guíen en su correcto cuidado.
Pueden tener enfermedades oculares y también relativas a sus párpados.

Debido a la tremenda popularidad del Labrador podemos encontrar ejemplares repletos de taras de este tipo que, como hemos anotado anteriormente no son de la raza, si no adquiridas con las malas prácticas de crianza que no tienen en cuenta el coeficiente de consanguinidad y las herencias genéticas. Es por esto la importancia de acudir a criadores profesionales de confianza, supervisados por veterinarios que nutran y escojan a los ejemplares más sanos, aptos para su reproducción y así no condenar a esta maravillosa raza al olvido por los altos costos veterinarios que ocasionan estos defectos al propietario.
Si quieres conocer más acerca de Labrador Retriever te aconsejamos El Libro del Labrador Retriever.

 

 

 

Autor: Irene Serrano